domingo, 8 de julio de 2012

Supongo que pensarás que nadie te entiende, pero no es así. Entiendo todo lo que te ha pasado, comprendo cada una de tus acciones, de tus movimientos. Una mirada basta para saber si estás bien o estás mal. Ahora se que te sientes pequeña e indefensa, vulnerable. Lo has pasado tan mal que ni siquiera recuerdas lo que era hablar con el sin terminar dándole vueltas a todo mientras fumas un cigarro en tu ventana. Te diré una cosa querida, da igual cuántos cigarros te fumes, cuántos vodka te bebas los sábados, cuántos modelitos te compres o cuantos “zapatos” te pruebes. Tanto tú como yo sabemos que te pondrás de mal humor cada vez que huelas esa colonia, que seguirás llegando a casa pronto con la esperanza de encontrarle, y que seguirás metiéndote en la cama recordando aquel día que él estuvo ahí o que tu estuviste en la suya, y pensando en que por qué fueron así las cosas, en qué pudo pasar para que todo cambiara. Seguirás maldiciendo ese momento en que decidió que no saldría bien. Pobre ilusa, a veces incluso piensas que quizá podría llegar a arrepentirse, a volver a llamarte para decirte que se equivocó y que no importa la distancia, el tiempo o el orgullo. Alguien dijo alguna vez que el tiempo todo lo cura, no se en que medida esa frase puede llegar a ser cierta. Lo que si que creo es que poco a poco todo lo que ocurrió va perdiendo su significado, que la luna volverá a ser para ti algún día solo un satélite terrestre y que todos esos días pasados con él, irán convirtiéndose solo en recuerdos.

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